SEGURIDAD ALIMENTARIA

11/11/2019

La alimentación saludable convertida en obsesión

Comer había sido cuestión de supervivencia hasta que tuvo lugar el desarrollo de la maquinaria agrícola, los fertilizantes y los agroquímicos. En ese momento, las producciones se cuadruplican y los alimentos son más accesibles para todos. Nace, entonces, la inquietud por la relación entre alimentación y salud.

De esta inquietud es de la que se nutre una industria de la alimentación para desarrollar un gran negocio. La publicidad de productos “enriquecidos con” o “sin” nos hacen pensar que existen componentes sospechosos en los alimentos. Así, la oferta de productos alimenticios es todo un galimatías que pocos consumidores llegan a entender de forma correcta. Dentro de esta confusión, se condenan o e recomiendan alimentos a partir de razonamientos sin fundamento.

Las redes sociales actúan aquí como grandes amplificadores de esta corriente donde el emisor, desde el anonimato, se permite lanzar mensajes de miedo basados en la ignorancia. Estos mensajes de alerta y peligro condena productos mientras que ensalza otros sin ninguna evidencia científica. Además, para aumentar la confusión, lo que hoy es bueno mañana puede ser malo. Así, se consigue aumentar la desconfianza y la alerta de los consumidores.

Toda esto ha traído como resultado la aparición de un nuevo trastorno alimentario: la ortorexia. Este término hace referencia a la obsesión por comer productos saludables y, su incidencia es cada vez mayor en los países desarrollados. Como ejemplos, encontramos a los “frugívoros”, que solo comen fruta y verdura, o los “crudívoros”, que únicamente ingieren alimentos crudos.
Estos estrictos regímenes dietéticos excluyen, a menudo, alimentos básicos o evitan procesos de elaboración o conservación que aportan seguridad alimentaria, generando así graves consecuencias.

En un artículo de El País, la dietista y nutricionista Andrea Gil aseguraba que cada vez son más los españoles que sufren este tipo de trastorno. A diferencia de la anorexia o la bulimia, la principal preocupación de los ortoréxicos no es la cantidad, sino la calidad. “Suele darse entre individuos con un buen nivel de educación y un alto poder adquisitivo”, afirma Andrea Gil.
“Hay temores infundados”, afirma José Miguel Mulet, profesor de biotecnología de la Universidad Politécnica de Valencia y autor de Comer sin miedo. Además, el profesor afirma que los productos ecológicos, en proporción, acumulan más alertas alimentarias por contaminación de E. coli o micotoxinas y no existen pruebas contundentes de que estos alimentos sean más sanos que los convencionales.

La ortorexia es una enfermedad de ricos

Según recuerda la OMS, nuestra alimentación puede afectar la capacidad de nuestro organismo para combatir infecciones, así como la probabilidad de que desarrollemos problemas de salud en el futuro, como la obesidad, las enfermedades cardíacas o la diabetes. Por ello, la OMS aconseja una alimentación que incluya:

• Comida variada
• Reducción de sal
• Limitación del uso de ciertas grasas y aceites
• Disminución del consumo de azúcar
• Reducción del consumo de alcohol

Una dieta variada, que incluya frutas y verduras, pero también carne y pescado. Las únicas restricciones se refieren al uso exclusivo de alimentos muy procesados y que contentan un alto contenido de azúcares, grasas y sal.

Por último, es importante recordar que la OMS tampoco establece si un método de producción de alimentos es más saludable que otro. Decir que un alimento es más sano puede deberse a dos posibilidades: o es nutricionalmente más rico o es más seguro.

Tampoco existe ningún estudio científico que demuestre que un tipo de agricultura, convencional, biodinámica o ecológica, aporte una calidad nutricional diferente al resto. Por último, desde el punto de vista de la seguridad, la Reglamentación a la que está sometida la agricultura convencional en Europa se basa en garantizar la seguridad de los consumidores, mientras que la agricultura ecológica está basada en la procedencia de los insumos que utiliza en el cultivo, obviando en ocasiones, la seguridad alimentaria como requisito.