BIOESTIMULACIÓN

04/10/2018

EL ARTE DE LA BIOESTIMULACIÓN

Tierra, agua, luz solar, calor y alimentos son factores clave que los cultivos necesitan para crecer. Pero también soportan efectos adversos como el calentamiento atmosférico cuyo impacto directo les hace sufrir. Hablamos de un fenómeno que ya ha alterado la duración de la estación de crecimiento en grandes partes de Europa. Como muestra, el adelantamiento en varios días de las épocas de floración y cosecha de los cereales.

Unos cambios que se prevé sigan produciéndose en muchas regiones. En concreto, en el sur de Europa, las olas de calor extremo y la reducción de las precipitaciones y del agua disponible van a limitar la productividad agraria. En el área del Mediterráneo, el estrés hídrico y térmico extremo del verano podría obligar a desplazar la producción de algunos cultivos estivales al invierno. Y en otras zonas, como el oeste de Francia y el sureste de Europa, sufrirán reducciones de rendimiento motivado por los estíos calurosos y secos, sin posibilidad de desplazar la producción a la época invernal.

Por tanto, los cultivos se enfrentan a situaciones de estrés abiótico que incluye toda una serie de respuestas fisiológicas a fenómenos como la sequía, el encharcamiento, la salinidad y las temperaturas extremas, que inciden en su productividad y calidad. De ellos, la sequía -entendida como la pérdida moderada y progresiva de agua que no desecación- es el tipo de estrés más importante porque afecta a la agricultura de forma global con pérdidas de hasta un 70% en la cosecha.

La cantidad de agua que contiene la planta es el resultado del balance interno entre el agua absorbida por las raíces y la que se pierde por transpiración. La mayor parte es transportada a las hojas y el resto se pierde por transpiración, y tan sólo entre un 1-3% pasa al metabolismo de las plantas.

La reacción de la planta a la falta de agua desencadena reacciones de diversa naturaleza: física, bioquímica, fisiológica y genética. La primera es una respuesta física: la planta deja de crecer por pérdida de turgencia; no respira al cerrar sus estomas para no perder agua; no hace la fotosíntesis y pierde el color verde virando a un color amarillento. Su metabolismo se para, no genera azúcares y al no absorber los nutrientes diluidos en agua, deja de alimentarse.

El sector agrario necesita opciones para adaptarse a estas amenazas de la productividad de los cultivos. Y es aquí donde toca poner soluciones específicas para prevenir y reparar los daños ocasionados por las inclemencias del cambio climático. Y entre ellas, se encuentra el arte de la bioestimulación para inducir, promover o retardar un proceso fisiológico.

Dentro del uso de bioestimulantes, destaca una sustancia en concreto: el extracto del alga marina Ascophyllum nodosum.  Se trata de una especie de macroalga que crece en las costas del Atlántico Norte está expuesta a la fluctuación de las mareas. Al pasar la mitad del tiempo sumergida y la otra a la intemperie, se ha adaptado a sobrevivir en condiciones extremas de estrés hídrico, térmico, salino y oxidativo. Es, por tanto, la especie con mayor concentración de Bioactivos de interés agronómico.

De entre todos los preparados existentes destacan los extractos puros obtenidos por presión en frío que permiten preservar todos los componentes bioactivos que contiene esta especie. Algunos de ellos son capaces de regular la expresión de determinados genes de tolerancia al estrés existentes en las plantas cultivadas.

Los componentes químicos del extracto de alga incluyen complejos polisacáridos, ácidos grasos, vitaminas, fitormonas y nutrientes minerales. Recientes investigaciones han demostrado que estos componentes son capaces de activar mecanismos moleculares específicos capaces tanto de prevenir como de curar las consecuencias del estrés de la planta.

Entre los bioactivos existentes en el extracto del alga marina Ascophyllum nodosum destacan:

  • Los Alginatos que proporcionan flexibilidad y adaptación a los fenómenos de estrés que supone el efecto de las mareas. Gracias a esto juegan un papel importante en la activación de las defensas naturales, mejoran la retención de agua en los tejidos y estimulan la producción de compuestos antioxidantes.
  • El Manitol, un poli-alcohol que protege las células vegetales de los efectos negativos del estrés hídrico o salino. También es un potente antioxidante que bloquea las especies reactivas de oxígeno o radicales libres y previene los daños metabólicos.
  • Los Polifenoles, sustancias con alto poder antioxidante que ayudan a las células vegetales a estabilizar y reforzar las paredes celulares retrasando los procesos de senescencia vegetal, prolongando la conservación de los frutos.
  • Los Laminaranos y Fucoidanos, carbohidratos de cadena corta con efecto elicitor que activan el metabolismo secundario del cultivo.