AGRICULTURA SOSTENIBLE

29/07/2020

Cómo ayuda la agricultura al Medio Ambiente

La agricultura es necesaria para proporcionarnos alimentos con los que sobrevivir y no deja de ser una intervención más del hombre en la naturaleza con consecuencias variables en el medio ambiente.

Una explotación agrícola no es más que una plantación de una especie en una densidad superior a la que se daría en condiciones salvajes. Las plantas cultivadas son variedades domesticadas para la producción de sus partes comestibles y deben ser alimentadas y protegidas de enfermedades y competidores. Todos estos cuidados requieren de la incorporación al sistema elementos externos al medio en el que se desarrollan: son los nutrientes y los productos destinados a la Sanidad Vegetal. El suelo sufre también una modificación significativa y la necesidad de agua para el cultivo modifica también las características de la parcela y sus proximidades. Por tanto, la agricultura no es ecológica, es una agresión al medio que, dependiendo de la intensidad de las intervenciones, tendrá un impacto más o menos severo.

 

La agricultura en el tiempo

En las últimas décadas ha quedado demostrado, que agricultura y protección del medioambiente son conceptos que pueden ir perfectamente de la mano. Apostar por unas buenas prácticas, desde el sector agrícola, es, de hecho, clave para frenar la pérdida de biodiversidad mundial, así como para mitigar los efectos del cambio climático.

En la actualidad, existen los medios técnicos necesarios para implementar una agricultura sostenible con plenas garantías; una agricultura que sea respetuosa con los recursos naturales del planeta.

Sin embargo, en pleno inicio del siglo XXI, la población de los países desarrollados vive mayoritariamente en las ciudades y ha perdido el contacto con la agricultura. Desde la ignorancia, los ciudadanos modernos creen que todavía se cultiva con los métodos empleados el siglo pasado, donde las intervenciones en el medio eran agresivas y se excedía en el uso de fertilizantes y fitosanitarios. Bajo esa comparación, condenan injustificadamente el modelo agrícola actual e idealizan otros métodos de producción sin intervención en el medio.

Como decíamos al principio, la agricultura es una intervención en sí misma y no existen agriculturas inocuas. De lo que se trata es de reducir los impactos realizando buenas prácticas. Los métodos de producción actuales son muy sofisticados y ofrecen alimentos seguros y de alta calidad nutricional utilizando menos superficie, así como cantidades de agua, fertilizantes y fitosanitarios hasta 10 veces menos que en el pasado.

 

Ejemplos de buenas prácticas en el campo de la agricultura, según la Unión Europea

Hay muchas formas de desarrollar una agricultura sostenible. La Política Agraria Común (PAC), de la Unión Europea, ha fijado algunas de estas buenas prácticas para poder optar a las subvenciones que ofrece. De este modo, se quiere fomentar que la intervención humana sobre el territorio tenga un impacto positivo.

Entre las buenas prácticas, destaca, por ejemplo, la rotación de cultivos, de tal forma que se adapte a la disponibilidad de agua de la tierra. Otras acciones, como evitar los monocultivos, adecuar las épocas de siembra con los niveles de temperatura y precipitación, también son muy efectivas, y han sido recogidas por la PAC.

 

Por una agricultura sostenible, que sea responsable con la biodiversidad

La actividad agrícola ocupa una parte importante de la superficie terrestre. Su acción, si es agresiva, puede llegar a provocar el desplazamiento de otras especies, que se ven forzadas a cambiar de entorno para sobrevivir.

Una agricultura sostenible, que tenga en cuenta el lugar en el que se desarrolla, contribuye a mantener la biodiversidad. De hecho, la misma reducción de las emisiones de gases como el dióxido de carbono ayuda a impedir que otros animales se tengan que trasladar.

 

La agricultura, esencial para abordar la emergencia climática

En síntesis, El hombre es la especie que infringe mayores modificaciones del medio para sobrevivir. Todas las modificaciones tienen un fuerte impacto y estamos empezando a experimentar las consecuencias de la superpoblación y de la herencia de las transformaciones del pasado. De todas esas transformaciones, quizá sea la agricultura una de las pocas que muestra tanto, efectos negativos, positivos.

La agricultura juega un papel fundamental en la captación de carbono de la atmósfera, a través de la fotosíntesis de las plantas. Estos sumideros son tan relevantes que, si no existieran, el planeta contaría con el doble de concentración atmosférica de dióxido de carbono. Así pues, con buenas prácticas, la agricultura puede contribuir a la reducción de las emisiones de carbono.

Gracias a unas buenas prácticas, la agricultura también puede ser muy beneficiosa para combatir el efecto invernadero y mantener la biodiversidad. El desarrollo agrícola y el ecologismo no solamente no son incompatibles, sino que se retroalimentan. Otorguemos, pues, a la agricultura la importancia que se merece a la hora de hacer frente a la emergencia climática.